De las pocas cosas que te imaginas al fundar tu propia empresa, es que llegue el día en que ya no estés en ella. Debo admitir que ésta ha sido una de las decisiones más radicales de mi vida.
Para entender la situación, primero te pondré en contexto. Desde muy pequeña soñaba con crear mi propia empresa, en parte porque mi papá me sembró esta semilla. Sin embargo, mis padres no eran empresarios y no conocía alguien cercano que pudiera guiarme en este camino. Si me embarcaba en esta aventura, sería en principio un camino solitario.

Aún sin tener claro cómo lo lograría, en mis años universitarios estudiando ingeniería se apareció de repente una oportunidad de negocio. Empezó como una idea medio en «recocha» con unos compañeros de la universidad para vender artículos geeks durante un evento de tecnología llamado Campus Party. Sin embargo, en ese instante algo hizo click en mi corazón. Me enamoré por completo del proyecto al ver la reacción de los geeks por lo que les apasionaba. Desde allí, la idea para mí dejó de ser algo informal, para convertirse en mi proyecto de vida después de graduarme.
Después de 10 años, puedo decir con completa gratitud y orgullo que ha sido de los proyectos más maravillosos de los que he hecho parte. TooGEEK se convirtió en una de las empresas líderes de este mercado en Colombia y siempre tendrá un espacio muy especial en mi corazón.

Cuando emprendes, y más si es boostrapeando, te verás forzado a crecer profesionalmente en muchos frentes a una velocidad que pocos logran. Esta fue una lección que aprendí a los golpes y en la marcha, pero que hoy agradezco enormemente porque puso a prueba mis propios límites (y más siendo la cabeza líder). Diez años de experiencia emprendiendo se sintieron cómo 20 y hasta 30 (si cuentas la pandemia 🤪).
También aprendí que una empresa con este nivel de éxito y crecimiento se logra gracias a la suma de muchos esfuerzos. Por eso creo que es importante aclarar que esta empresa no la fundé sola y que en solitario jamás hubiera logrado lo que hicimos. Muchas personas han sido parte de esta historia de distintas maneras y lo que cada una de ellas me enseñó lo llevaré conmigo siempre.

En este proceso, conté con dos socios que integraron visiones distintas al proyecto, lo que lo hizo más enriquecedor. Cuando fundamos la empresa, y contra todo pronóstico, tuvimos éxito en nuestro PRIMER intento como empresarios. Sin embargo, aún éramos muy jóvenes (inicios de nuestros 20s) y nuestra visión de la vida que en ese momento compartía muchos puntos en común, fue cambiando conforme llegamos a nuestros 30s. Un proceso natural, creo yo.

En cuanto a mi experiencia personal, amé mi trabajo. Lo que más disfruté siendo CEO de la empresa, es que todos los días me sentía retada, me encantaba estar en contacto con todas las personas de la empresa. Estimulaba mi mente analizar los problemas desde diferentes ángulos (estratégicos, financieros, comerciales, operacionales, de marketing, talento humano, etc.) y buscaba sin cesar el ser una facilitadora para darle las herramientas necesarias a mi equipo para solucionarlos.
También fue un reto de liderazgo enorme. Ser coherente con lo que profesaba y pedía de mi equipo, fue de mis mayores crecimientos. Lo que siempre me asustó era que, sin importar si me sintiera preparada o no, siempre debía tener soluciones ante cualquier crisis. Esto solo lo aprendí a sobrellevar dedicando un tiempo enorme a formarme constantemente, y a estar actualizada en las noticias del mercado en que estábamos, sin excusa.

Sin embargo, conforme pasaban los años, empecé a sentir un vacío en mi interior. Algo que se fue acentuando tanto, que cuando llegó la pandemia fue imposible ignorarlo.
Mientras superamos el impacto de la pandemia (hasta la fecha la crisis más grande de la empresa) sufrí de heridas de guerra que oscurecieron mi espíritu. Esto, sumado al vacío que ya sentía, fue el golpe final para tomar una decisión definitiva y completamente radical.

Debo confesar que nunca había renunciado a algo en mi vida, y menos así. Mi espíritu competitivo jamás me lo permitiría. Sin embargo, una voz dentro de mí gritaba que no había otra salida. Que debía soltarlo todo para que la verdad que tanto buscaba me fuera revelada.
Desde esta decisión ya han pasado más de 6 meses. Al principio la incertidumbre fue aterradora y fue difícil contener la tentación de emplearme o buscar un nuevo proyecto laboral. Sin embargo, al alejarme del mundo exterior, me adentré en uno de los viajes de descubrimiento interior más profundos que he hecho. Confieso que ha sido una experiencia tan abrumadora como maravillosa. Llena de conversaciones profundas y preguntas muy difíciles de responder. Maestros fueron puestos ante mí, como si el universo se alineara para darme esta sabiduría que tanto anhelaba.
Incluso me senté a conversar con diferentes personas que hicieron parte de mi camino y que su punto de vista enriquecería este autoanálisis. Gracias a todo esto, entendí porqué fallé en distintos aspectos en mi pasado. Admito que al principio me dio rabia conmigo misma, pero luego al perdonarme y verlo con compasión, entendí que era parte de mi proceso y era inevitable vivirlo para convertirme en quién soy hoy.
Luego vino el proceso de soltar. De dejar ir todo asunto que sentía como ancla, de quitar la maleza de mi jardín. Y al hacerlo, logré volver a ver lo maravilloso que es el mundo y la gratitud infinita que tengo de estar viva.
Al final, entendí porque me sentía vacía. Mi propósito, ese que hace vibrar mi corazón, estaba en contravía del lugar en el que estaba.
El siguiente capítulo de mi vida pretendo alinearlo a ese PROPÓSITO. Y empieza con compartir con el mundo lo que descubrí en este largo recorrido: una visión holística de la vida que sanó mi cuerpo, alma y espíritu. Mi reto será crear herramientas PRÁCTICAS para integrar esta sabiduría en nuestra vida, que creo firmemente nos hará mejores líderes, emprendedores y empresarios.







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